Tyranny Of Dragons

Sesión 04

Asalto a la fortaleza

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Cuando el dragón azul se pierde en la lejanía, los pocos sobrevivientes que quedan en la torre se relajan ostensiblemente.
El grupo de ya no tan extraños compañeros se acerca al caído castellano Redbrand. Bjorn trata al castellano de urgencia para intentar paliar el penoso estado en el que se encuentra y, cruzando unas breves palabras con el resto del grupo, deciden que lo mejor es llevarlo dentro donde seguro que le pueden curar.

‒Esto ha sido una verdadera locura.‒ Musita Klein mientras mira alrededor de la maltratada torre. Cuerpos desparramados por todas partes, piedras y cascotes reventados allí donde el aliento eléctrico del dragón ha golpeado a los defensores, gritos de dolor de los pocos supervivientes heridos y miradas de confusión y derrota en los aún mas escasos defensores no heridos.
Finalmente se une a Trej para bajar las escaleras y dirigirse a la sala donde se amontonan los heridos.

Trej se acerca a un grupo de mujeres que intentan como pueden ayudar a los heridos para preguntarles algo que Klein no consigue acertar a oir porque está mirando como Torinn, Bjorn y un enano que se les ha unido, luego sabrá que es Ragdrus, están hablando con el gobernador Tarbaw.

‒Neale me debe tener hechizado, ‒se dice a sí mismo Klein‒, porque prefiero oir lo que están diciendose ese grupo de brutos a ayudar a Trej en su apurada situación.

Así que, no sin una última mirada a las improvisadas enfermeras que ya conversan animadamente con Trej, se acerca al resto del grupo.

‒No, no hay nada que podamos daros para aliviar vuestras heridas, ‒está en ese momento diciendo Tarbaw.‒, no nos queda nada, y lo poco que teníamos se ha perdido en el molino. ‒Termina, mostrandose serio y preocupado.

‒Debemos interrogar al prisionero, ‒dice Torinn‒, seguro que nos puede decir algo.

‒Ya estamos en ello, ‒responde Tarbaw‒, en cuanto le sonsaquemos algo seréis los primeros…

‒Perdonad que os interrumpa. ‒Todas las miradas se giran hacia Ragdrus, el enano de pelo blanco que ha hablado‒ Creo que si me ponéis en situación os podré ayudar.

La complexión del enano es, como en casi todos los enanos, asombrosa. Pero lo abultado de sus músculos es desorbitado incluso en un enano. No es esa, de todas formas, su característica física mas destacable, ya que lo verdaderamente llamativo del enano es que, a pesar de su evidente juventud, no debe tener mas de 140 años, su pelo está completamente blanco, lo que es raro incluso entre los ancianos de su raza.

Como para explicar su proposición de ayuda, el enano se descuelga de la espalda un hacha de batalla.

‒Talos es suficiente ayuda para mí, pero está claro que este grupo de cobardes que se atrincheran en esta casucha te estarán agradecidos. ‒sentencia Bjorn.

En ese momento todos callan cuando se oyen gritos de lucha en el patio del castillo. En verdad, no todos callan, Trej y las tres mujeres no parecen siquiera haberse dado cuenta al estar riéndose por algo que una de ellas ha dicho.

Pero el resto de compañeros se miran entre sí y, sin mediar palabra, bajan a ver a qué nuevo problema se deben enfrentar esta vez.

Cuando se asoman al patio del castillo descubren que un grupo de enemigos, ayudados por la oscuridad nocturna, ha entrado en el castillo. Una puerta en el muro norte, que hasta ahora les había pasado desapercibida a los compañeros, ha sido derribada y un numeroso grupo de Kobolds junto a un Cultista del Dragón están sembrando el pánico ante un minúsculo grupo de defensores.

El primero en actuar es Klein, pero está demasiado cansado para ser de mucha utilidad. A pesar de ello, impelido por el miedo a que otros cultistas aprovechen la puerta rota para entrar en el castillo lanza una pequeña mota de magia, una pequeña canica de fuego dirigida hacia el cultista que sin embargo explota algo alejada de su objetivo y apenas le deja una pequeña quemadura.

Ragdrus y Torin saltan a por los Kobolds, sobrepasando al mago mientras cargan contra ellos. Los kobols, actuando al unísono, rodean a ambos y les atacan casi en armonía, hiriendo incluso al habilidoso Ragdrus. En un par de ocasiones es el escudo de Torinn el que debe desviar mazazos dirigidos al enano que posiblemente hubieran terminado con él.

Pero una vez superada la sorpresa inicial por el ataque combinado de los Kobolds, ambos guerreros dan la vuelta a la situación haciendo valer su superior habilidad en combate.

Mientras, Bjorn ha cargado su ballesta pesada, a la que está cogiendo un evidente cariño, y dispara un par de veces contra el cultista, sin más éxito que un par de arañazos. Así que finalmente decide tirar la ballesta y cargar con su enorme martillo de guerra contra los Kobolds que rodean a Ragdrus y Torinn.

El cultista ha estado entonando un cántico en loa de su maligno dios, y este le ha debido oir, porque un chorro de llamas salidas de la nada caen sobre el cuerpo de Klein dejándole bastante maltrecho.

Dándose cuenta de que el resto de compañeros no podrán ayudarle esta vez, Klein echa a correr rodeando a Kobolds, humanos, enanos y dragonborn y acercarse al cultista. Lanza otra mota de fuego, pero estalla lejos del cultista.

Los otros tres compañeros parecen luchar como si toda la vida lo hubieran hecho juntos, matando de forma metódica a todos los Kobolds que los rodean sin recibir mas que arañazos.

Pero Klein se da cuenta de que no llegarán al cultista antes de que éste le ataque de nuevo.. y no cree que vaya a sobrevivir a otro ataque.

‒Si mi madre se llega alguna vez a enterar de esto, me deshereda. ‒ piensa para sí antes de lanzarse en una alocada y suicida carrera contra el cultista mientras que se concentra, esta vez sabiendo que le va la vida en ello, en conjurar de forma correcta una nueva mota de fuego.

La pequeña bola sale culebreando hacia el cultista, que apenas es capaz de girarse, demasiado asombrado o asustado para intentar esquivarla. La mota impacta en el centro de su pecho y explota con una furiosa explosión, mucho mayor que cualquiera conseguida anteriormente por Klein.

Éste, que se ha lanzado gritando como un poseso contra el cultista, llega hasta él instantes después de que el cuerpo completamente carbonizado haya caido al suelo. La sorpresa por haber acabado con él queda reflejada en su cara y durante unos instantes mira embobado, con un puñal en alto, el cuerpo humeante en el suelo.

Los tres restantes compañeros han podido de mientras matar a todos los kobolds restantes y miran alrededor buscando si quedan enemigos. Torinn se fija entonces en que Klein está intentando arrancar una puerta a un cobertizo para con ella intentar cerrar la destrozada puerta del castillo.

‒Ḿas que arrancar la puerta, parece que se está intentando arrancar el hombro. ‒Musita Torinn antes de acercarse a ayudarle.

Entre los dos consiguen colocar como pueden la puerta… pero no hay donde agarrarla, así que mientras Klein mira a través de la apertura, Torinn se queda el solo manteniendo la puerta apoyada en los restos de la original.

‒¡Se acercan más enemigos! ‒Grita en ese momento Klein cuando observa, por una apertura que la puerta de Torinn deja, que a lo lejos otro grupo de sitiadores parece haberlos visto y en ese momento les señalan.

Ragdrus y Bjorn se hacen de nuevo con sus balletas y se encaraman al adarve de la muralla norte mientras las cargan.

‒¡Son demasiados! ‒Piensa Klein mientras mira impotente cómo Torinn intenta trabar la puerta que seguro a nadie va a impedir entrar. Se le ocurre una idea.‒ Bueno, si engañó al gato de madre, quizás también lo haga con unos kobolds… ‒Y entona unas palabras mágicas.

Ragdrus y Bjorn se van turnando en disparar las ballestas al numeroso grupo de enemigos que se acerca: kobolds en vanguardia, y humanos cultistas algo más atrás. Pero ninguno parece arredrarse por ello.

Klein termina de montar su ardid mágico y unas ilusorias llamas parecen devorar buena parte de la puerta que Torinn sigue sujetando.

‒¡La próxima vez avisa! ‒Grita Torinn a Klein.

Pero las llamas que tan evidentemente parecen una ilusión al grupo, son completamente reales a los kobolds, que detienen su avance y gritan en dracónido:‒ ¡Traed agua para apagar esas llamas!

‒¡Ja! ‒Se felicita Klein. Y con una sonrisa de lado a lado corre al adarve para intentar acosar desde allí a los enemigos que se acercan… olvidado ya Torinn a su espalda, que sigue sujetando la puerta él solo.

Mas flechas de Bjorn y Ragdrus alcanzan a los enemigos. Un grupo de ellos parece haber retrocedido en busca de agua, pero los kobolds se han quedado a medio camino, dudando entre alejarse o quedarse al alcance de las ballestas.

Pero un cultista vestido de sacerdote se ha dado cuenta de que las llamas no son reales. Y grita algo a los kobolds que se avalanzan contra la puerta de Torinn.

Tres de los kobolds hacen ahora presión contra la puerta, con Torinn apenas puediendo contenerlos unos segundos. Pero Bjorn y Ragdrus aprovechan esos instantes para asaetar a los asaltantes a placer.

Por fin los tres kobolds consiguen desplazar a Torinn, que con un grito de rabia cae hacia atrás, deja caer la puerta y saca su hacha de batalla para enfrentarse a ellos.

Dándose cuenta de la apurada situación, Ragdrus deja caer su ballesta, salta fuera de la empalizada y carga contra el sacerdote cultista. Bjorn grita una nueva alabanza a Talos y salta junto a él.

Los siguientes minutos se le hacen muy confusos a Klein, que apenas puede mantenerse en pie y es de bastante poca ayuda. Pero los tres guerreros se bastan para barrer a los restantes asaltantes. Primero el clérigo oscuro, y luego cada uno de los kobolds y humanos que se atreven a acercarse caen bajo sus aceros.

‒¡Que alguien haga una barricada! ‒Grita con enfado finalmente Bjorn cuando no quedan más enemigos que matar. Lleva la cara y los brazos llenos de sangre, ofreciendo una terrible imagen, lo que seguramente es el verdadero motivo por el cual unos cuantos maltrechos campesinos salen de sus escondites y se ponen a trabajar en una improvisada barrera.

Por fin pueden los cuatro aventureros relajarse un poco. Se buscan con la mirada para confirmar que están todos bien y al cabo de unos minutos suben a buscar de nuevo al gobernador Tarbaw.

La conversación con Tarbaw sigue los mísmos círculos que las anteriores veces:

‒ ¡Debéis buscar ayuda en los pueblos o ciudades vecinas! ‒Insiste Klein.

‒ ¡Pero no podemos! Tardarían días en llegar y no son mas que campesinos, no hay ninguna fuerza militar por la zona… ‒Responde Tarbaw.

‒ Pues entonces salid en tromba para abrir el cerco y huid lejos de aquí ‒responde furioso Bjorn.

‒ O aprovechad la salida oculta que lleva al río para huir. ‒Añade Torinn.

‒ ¡No podemos abandonar a los heridos aquí! ‒Se defiende Tarbaw

‒ ¡No merecen piedad alguna aquellos incapaces de defenderse a sí mismos! ‒Acusa Bjorn.

“Bum, bum, bum”

El rítmico golpear de un ariete contra una puerta resuena por todo el pueblo y acalla no sólo al grupo que rodea a Tarbaw, también consigue llamar la atención de Trej y de la única enfermera que sigue a su lado.

‒¡Es en el templo de Chauntea! ‒Dice asustado Tarbaw mirando a los compañeros.‒ No tengo a nadie más a quien acudir. Haced algo, por favor.

Palabras soeces, discusiones y caras de abatimiento se suceden durante unos minutos mientras entre todos intentan planear qué pueden hacer.

“Bum, bum, bum”

Finalmente se deciden a volver al pasadizo oculto, salir al río e ir escondidos hasta llegar al templo.

No ven a nadie, y los árboles a ambas orillas del río les permiten sin mayores problemas pasar desapercibidos hasta alcanzar un murete que rodea al templo.

Pero cuando asoman la cabeza por encima se les corta el aliento: rodeando el templo hay varias decenas de kobolds, humanos y cultistas.

Y el ariete vuelve a golpear las puertas del templo.

“Bum, bum, bum”

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dmartind_81 raulh39

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