Tyranny Of Dragons

Diario de Bjorn (II)

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Greenest.

La caravana no ha resultado importante ni se aprecia transporte de cargas valiosas. Mejor así, pues no hemos llamado la atención de bandas dedicadas al pillaje en la región. Estos continentales son ciertamente peculiares. Muchas de sus costumbres no distan en demasía de las que frecuentamos en las Moonshae pero algunas sí me llaman poderosamente la atención, como esa imperiosa necesidad que parecen tener muchos de ellos por entablar conversaciones sin conocer a su interlocutor o incluso acercarse a escuchar los que otros hablan terciando en la charla. Esto en Las Islas sería considerado poco menos que un insulto pero quedan ya muy atrás en el Oeste y debo ir haciéndome al hecho de que aquí, en el continente, las gentes no recelan unas de otras ni mantienen las más mínimas precauciones a la hora de intimar con los demás que el sentido común ordena, pues si alguien no es de tu clan sabes que puede ser un enemigo y, de hecho, suelen serlo, con lo que este tipo de debilidades culturales aún me resultan ajenas y chocantes. Se sientan en corrillos y comen, cantan y bailan sin conocerse o existir lazos de hermandad entre ellos.

Talos ha querido otorgarme la suerte de toparme en la caravana con un dracónido. Es la primera vez que veo a un miembro de su raza pero lo que me ha llamado la atención de este guerrero es que porta en su escudo un dragón blanco sobre fondo azul. Dice llamarse Torinn y ser un paladín de Bahamut. Le he saludado y hablado con él atraído por la posibilidad de que conociese información sobre el culto del dragón. Parece ser que la orden religiosa a la que pertenece rinde pleitesía a un dios dragón enemigo de Tiamat, con lo que busca lo mismo que yo: averiguar más sobre dicho culto y acerca de qué se cuece allá en el Este. Siendo guerrero y llevando la misma senda era lógico unir nuestros pasos en pos de sumar fuerzas. Con lo que no contaba era con la injerencia de dos humanos que se nos han acercado, atraídos por la mención del culto maldito. Uno es un noble de poco mundo que, aunque sin escolta personal ni guerreros bajo su mando, se autoproclama lord. Dicen llamarse Klein de Gellar este y Trej el otro, al que gusta jugar con un pequeño cuchillo con el que trabaja la madera y que porta arco a la espalda. Ambos han pedido unirse al dracónico, que les ha permitido el honor. Dado que yo viajaré con él en adelante, no me queda más remedio que tolerar la presencia de estos dos y rezar a Talos por que sepan defenderse a sí mismos. Si complicado va a ser tener que lidiar con unos fanáticos adoradores de la diosa dragón, no quiero ni pensar en que un noble y un pícaro pilluelo puedan andar molestando por entre medias.

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Aprovecho un descanso junto al río para recuperar el aliento tras un desafortunado encuentro con unas alimañas en un túnel y miembros del culto al dragón para perderme unos instantes en mi diario e ir ampliando la información que sobre este viaje dejo en él.

Cuando ya caía el manto de la noche hemos avistado Greenest en la distancia. Nos ha resultado fácil pues arde por los cuatro costados. El poblucho o aldea, pues ni tiene grandes dimensiones ni recinto amurallado que puedan permitir referirse a él como ciudad, siquiera como pueblo; está siendo atacado por una horda invasora llegada desde el Este. Pero lo más importante es que hay un dragón ¡Oh ala bado seas Talos, un dragón! Me permites lanzarme a la batalla contra una horda que cuenta con el servicio de tan magnífica criatura. Será un placer poder enfrentarme a ella en cuanto sea posible. Por el momento no ha habido ocasión y perdemos el tiempo ayudando a estos necios que se ocultan como ratas aguardando una muerte cierta en vez de plantar cara a sus enemigos. El dracónido parece mostrar un exceso de clemencia y de bondad hacia estas gentes, aunque no son de su raza ni pertenece a este pueblo. Creo que responde a su fe o al mandamiento de su dios pues siempre anda como constreñido, autolimitado, dedicándose al noble arte de la lucha pero como si la propia sangre le repugnase. Muy extraños estos paladines.
Nada más atisbar el ataque y al dragón sobrevolando la aldea corrí a lanzar el debido grito de guerra del Clan del Lobo y me dispuse a cargar hacia la población en llamas. Daba por hecho que todos harían lo mismo pero la caravana quedó petrificada por el miedo. Incluso la escasa escolta mercenaria se justificó en que su trabajo es proteger la caravana en sí, no a otras gentes y cierto es, respeto su acuerdo pues por eso les pagan, pero la oportunidad de luchar podría haber atraído a algunos. No ha sido así y solo cuatro hemos acudido a la cita. Me ha sorprendido que hayan venido los dos humanos que mencioné antes pues no esperaba ese valor en ellos aunque imagino que les habrá podido la posibilidad de perder de vista al dracónido y la pista sobre el culto. Sea como fuere han resultado de utilidad contra todo pronóstico pues el noble resulta que conoce hechizos mágicos y el pilluelo se defiende bien en el lanzamiento de flechas.

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Las primeras viviendas a las que acudimos nos mostraron a un grupo de aldeanos huyendo siendo perseguidos por un grupo de kobolds. Sin dudarlo me lancé al combate, seguido por los demás. Los kobolds no opusieron por desgracia mucha resistencia y fue un combate corto. Cuando he querido seguir avanzando para enfrentar más enemigos ha resultado que el dracónido y los humanos se han detenido a socorrer a los aldeanos heridos ¿Qué pretenden de un ataque a una aldea? ¿Que nadie salga herido? Es normal en la guerra que unos vivan y otros mueran, que se sangre y se magullen los cuerpos. No entiendo esa necesidad de ir preocupándose por estos aldeanos que ni defenderse saben. Un lastre que me ha hecho perder un valioso tiempo para acceder a la información que requiero en este poblucho.

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Por fin pudimos avanzar y nos topamos con un grupo más numeroso, mucho más adecuado para que la lucha tuviese sentido y resultase digna. Había humanos, kobolds y unos lagartos alados. Planteé una estrategia sencilla: que dracónido y humanos se apartasen y llamar yo la atención de los enemigos para que me atacasen, cosa que hicieron prestos e ignorantes de lo que les esperaba. Una ola relampagueante de Talos golpeó al numeroso grupo que me rodeaba y dejó a la mayoría fuera de juego, permitiendo que los demás entrasen en acción y acabar con la amenaza de forma rápida. Quise dejar a uno con vida, pues pertenecen al culto al dragón y me interesaría disfrutar del placer de su conversación tras aligerarle la lengua con unos convincentes golpes pero el dracónido y los humanos querían posponerlo, ansiosos por llevar al grupo de aldeanos que mencioné anteriormente hacia la fortaleza de la aldea. Ese afán por anteponer las necesidades de otros a las propias es algo que no alcanzo a entender y que, me temo, acabará por causarnos más problemas que beneficios.

Llegamos pues a la fortaleza hace cosa de un par de horas. La llamaré tal pues ese es el pomposo nombre que dan aquí a una torre de tres plantas con un perímetro amurallado de apenas una docena de metros en su lado más espacioso del patio resultante. Tampoco podía esperar otra cosa de un villorrio como este y harían mejor en llamarle la ratonera pues acuden en masa a esconderse aquí del enemigo poniéndoselo a este fácil para, por un lado saquear y destruir a gusto por la aldea y, por otro, rodear este lugar para forzar su rendición. De tratarse de un asedio a las murallas de una ciudad lo comprendería o incluso si se tratase de un robusto castillo pero no es el caso. No he apreciado aljibes para el agua ni pozos. El único acceso al río parece ser el túnel que conocemos y acudir con recipientes para satisfacer la demanda se me antoja harto complicado. Deberían emplearlo para evacuar o, mucho mejor, para sacar fuerzas con las que sorprender a los atacantes desde la retaguardia.

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El jarl de la villa es un tal Tarbaw Nighthill, humano pusilánime con aires de una dignidad que no demuestra con sus actos pues, nada más vernos, corrió a supicar ayuda para que salvásemos el molino de la aldea. Sus ruegos y lamentos son indignos de quien ostenta el poder sobre su pueblo y debe comandar a sus hombres en la defensa. Sus ademanes son graciles, afeminados diría yo, y quiso acompañarnos en persona a un acceso secreto a cierto túnel que comunica al lugar con el cercano río ¡Cobarde! Cualquiera podría habernos acompañado hasta abajo pero le placía alejarse del combate, de la lucha, de la sangre y del lugar donde los suyos pelean y mueren, porque al menos algunos de los lugareños sí tienen los arrestos de enfentarse al enemigo, aunque sea desde la protección de esos muros. Este conejo a dos patas nos presentó al castellano, un enano que dice llamarse Escobert y que en vez de hallarse junto a los defensores se nos ha pegado con la escusa de ser quien porta las llaves ¡Talos! ¿Acaso puede haber mayor incompetencia? Pero lo peor no es eso sino que el dracónido y los humanos han estado encantados con la idea de prestar ayuda a este jarl sin honor y a su débil gente. Si les he acompañado ha sido porque el horror en el rostro del tal Tarbaw me puede ser útil. Necesito información sobre el paradero del semielfo y sé que él me la puede facilitar. Podría sacársela a golpes pero creo que en su timorato estado su lengua será más propensa a ladrar cuanto necesite si antes alivio el pavor que le atenaza.

El discurrir por el túnel ha ido bien hasta toparnos con grupos de agresivas ratas que se nos han echado encima. A punto de no poder contarlo hemos estado, pues angosto era el espacio, numerosas las alimañas y complejo conseguir que la verja de hierro que da al exterior se abriera, incluso contando con la llave que nos facilitaron. Muy oportuno ha sido el empleo de cierto poder divino que el dracónido ha mostrado. Sus manos imbuyen una energía reconfortante que devuelve las energías y ayuda a la sanación de las heridas. Es un poder que le otorga su dios y gracias a él me repuse a tiempo de evitar que el humano arquero pereciese. Con la verja abierta y tras descansar un poco, seguimos el curso del río para encontrarnos con un grupo de cultistas que avanzaban por la orilla. El noble puede hacer caer en el sopor con uno de sus hechizos, de modo que me acercado a degollar a los durmientes y hemos dejado con vida al que parece poseer más rango, atado y amordazado para posterior charla.

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Entre una cosa y otra hemos atisbado el molino ardiendo, lo que era de prever, de modo que hemos decidido regresar a la ratonera dando por terminado este breve encargo y nos detenemos ahora en la foresta a reponer energías unos minutos. Estoy deseando poder tener unos minutos con los prisioneros para que me pongan al día sobre cómo van las cosas en ese culto tan envalentonado como para realizar ataques tan cerca de las grandes ciudades de la Costa de la Espada.

Comments

Chisco. Gran relato y muy interesante el cómo va viendo Bjorn el desarrollo de los acontecimientos. Siendo de un pueblo guerrero como es, es normal que vea a casi todos los demás, incluso al castellano Escobert, con desdén.

Hay una cosa que creo que se extrae de los pensamientos y del diario de Bjorn, y es que quizás su alineamiento se ajustaría más al de Caótico Neutral. En parte sería más lógico ya que Talos es Caótico Malvado, y de ese modo sólo estarías un paso alejado en alineamiento de él. Si simplemente fueses un adorador, podría ser algo más lógico que estuvieses algo más alejado. Pero siendo uno de sus sacerdotes, lo más normal es marcar un sólo paso de alejamiento. Pero el motivo principal es la manera en la que piensa Bjorn. El desprecio que siente por la debilidad, por otros que son diferentes a él, la poca preocupación en salvaguardar a los inocentes, su ansia en derramar sangre, en batalla o a sangre fría. Sus pocas dudas de emplear los métodos que sean necesarios cuando se trata de interrogar. Todos estos motivos creo que hacen que el alineamiento de Bjorn se ajuste mucho más a Caótico Neutral más que a bueno.

Me encantan la serie de relatos que estás haciendo en este diario. Aportan mucho a la Campaña, y como le decía a Raúl, enriquecen el juego y hacen crecer mucho a tu personaje.
Un gran trabajo Chisco!!!

Diario de Bjorn (II)
 

Pues debe haber un error porque desde el principio mi personaje es Caótico Neutral, nunca ha sido Caótico Bueno. Lo creé como tal. ;)
;)

Diario de Bjorn (II)
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