Tyranny Of Dragons

Sesión 06
La muerte de Trej

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Sesión 05
En busca del campamento enemigo

30th The Drawing Down (Nightal) 1491 (Media tarde).

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Diario de un Enano.

Es media tarde. Llevamos varias horas persiguiendo al ejército invasor que atacó Verdor. Por mi cuerpo sigue corriendo el fuego de la batalla tras nuestra última escaramuza, pero fiel a la promesa que le hice a Erimnaec, he de continuar mi relato por donde lo dejé.

Como mencionaba en mi última entrada, la situación no podía ser más comprometida. Mis formidables compañeros estaban agotados tras, dragón por medio, horas de batalla. Aun así, se habían ofrecido valientemente a rescatar al sacerdote Eadyan Luna de Halcón y los feligreses del Templo de Chauntea. Un numeroso contingente de enemigos atacaba el edificio. Nuestra intención era acabar de manera rápida con el grupo que asediaba la puerta trasera, y en caso de ser sorprendidos por la patrulla que vigilaba el perímetro del recinto, obsequiar a ésta con la misma medicina. Para llevar a cabo tal hazaña, varios planes fueron propuestos y desechados. Entre ellos, quizás de los más llamativos fue el de Bjorn, que consistía en situarnos de manera sigilosa en una casa a varios cientos de metros al noroeste de la iglesia. Seguramente nuestro amigo isleño tenía en mente usar alguna de las tácticas de combate de su feroz pueblo, pero por desgracia no podíamos arriesgarnos a que la iglesia y su gente cayeran mientras la explicaba.

Finalmente, trazamos nuestra hoja de ruta. Esperaríamos al paso de la patrulla y atacaríamos contando con el factor sorpresa. Un ataque rápido y expeditivo ha sido suficiente para acabar con los atacantes, franqueando el paso a los prisioneros y al sacerdote. De hecho la parte más difícil fue convencer a los mismos de que éramos personas mandadas por el burgomaestre y que nos abrieran las puertas de la iglesia. Pensándolo con frialdad, ¿es posible que las reticencias del sacerdote a abrir las puertas no se debieran tanto al miedo a desconocidos, como a que estos desconocidos, cubiertos por la sangre de sus enemigos, habían tocado a la puerta usando una cabeza de kobold como aldabón?. ¿Quizás la amabilidad de Lord Klein de usar a uno de nuestros enemigos como foco de luz les resultara demasiado “fogosa”? ¿Tal vez la presencia de un dracónido tampoco les inspirara confianza?. ¿La sombra que era Trej degollando enemigos? ¿O las bonitas palabras de Bjorn pidiendo por favor que salieran antes de que quemara la iglesia con ellos dentro?. Es difícil saber con los humanos. Son una raza tan cambiante que cuando crees que los conoces te salen por peteneras.

Tras rescatar a la gente de la iglesia, sin una sola baja, los hemos guiado rápidamente entre los fuegos a la seguridad de la fortaleza. Nada más refugiarnos, pudimos observar un cambio sustancial en el ambiente del castillo. El ejército atacante, saciadas sus ansias de matanza y pillaje, estaba finalmente retirándose. Toda la gente del castillo respiraba tranquila, parece que viviríamos para ver la nueva luz del día. Mientras oteábamos el horizonte buscando señales de engaño en la retirada, divisamos una veintena de cobardes kobolds reteniendo a dos niños pequeños, un adolescente y una mujer. Encabezando al grupo se hallaba una criatura semidracónica, que responde al nombre de Langdedrosa Cyanwrath. El maldito, burlándose de nosotros, nos desafía en combate singular.

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Torinn se presenta voluntario para luchar contra él. Para que nos fiemos de su palabra, el semidragón libera a los niños y al adolescente. Torinn cae tras un corto intercambio de golpes.. Nunca tuvo la más mínima oportunidad, Langdedrosa Cyanwrath ha jugado con él y, aunque me duela admitirlo, hubiera hecho lo mismo con cualquiera de nosotros. La destreza del reptil es asombrosa. Me resultó interesante comprobar que a pesar de todo el mal que su gente había hecho sobre la villa de Verdor, Langdedrosa Cyanwrath ha resultado ser alguien con honor. En lugar de rematar al postrado paladín, el semidragón cumple con su promesa liberando a la muchacha y permitiéndonos atender a nuestro amigo inconsciente. Con un saludo majestuoso desaparece, junto con sus sirvientes, entre las sombras que llenan la ciudad. Estoy seguro que nuestros caminos volverán a cruzarse y ardo de deseos de luchar contra tan digno oponente.

Trasladamos a Torinn dentro del complejo amurallado y por primera vez en toda la moche, se nos concede el lujo de unas horas de descanso. Bjorn ha mencionado que tiene una misión que realizar, expresando con la gentileza característica de su raza, el deseo de acometerla en solitario. Me fundo con mi lecho.

Tras el merecido reposo, nos reunimos con el gobernador que agradece nuestros actos de la noche, ofreciéndonos la ayuda de diferentes artesanos para reparar nuestros equipos y armas. Además, solicita una vez más, un nuevo favor. Habiendo demostrado nuestra valía, nos ruega que hagamos una última cosa por Verdor. Debemos seguir al ejército invasor, averiguar dónde acampa y si es posible las intenciones que lo mueven. Nos ofrece como compensación 250PO por cabeza. En un acto de locura, Torinn entrega 50 PO ¡¡50!! como diezmo al sacerdote para ayudar a reconstruir la iglesia y la población. Estoy seguro que, de alguna manera, ser paladín tiene que tener sus compensaciones, pero implica sacrificar demasiadas cosas.

Mientras nos equipamos para partir en pos del ejército, una nueva sorpresa nos aguarda. Un sonido atronador, como el bramido de un minotauro, rompe la calma de la mañana. Bjorn lo reconoce como un cuerno de su gente. Pide un caballo y sale galopando a su encuentro. Parece que la partida de guerra con la que el clérigo de Talos viajó hasta estas costas ha llegado a Verdor. Mientras observamos cómo los isleños ocupan casas desiertas, Bjorn presenta al futuro Jarl de Jarles, Algot Kasen. El gobernador Tarbaw Colinanocturna, ofrece oro y riquezas al Clan del Lobo para que se queden protegiendo Verdor, mientras nosotros investigamos el Culto del Dragón.

Ha sido un día de sorpresas. Cuando parecía que realmente podríamos partir, un nuevo personaje ha aparecido en escena. Presentándose como uno de los discípulo de un tal Content Not Found: leosin-Erlanthar, el recién llegado solicita nuestra ayuda para encontrar a su maestro. Éste ha desparecido en el curso de la batalla. El discípulo de Leosin asegura que no existe persona alguna fuera del Culto del Dragón, que conozca más sobre la secta que su maestro. ¿Quizás el ataque a Verdor no ha sido más que una distracción para capturar al mencionado Erlanthar?¿Habrá aprovechado Leosin para infiltrarse entre los miembros del ejército como espía?

Cuando finalmente nos ponemos en camino, el sol alcanza su zenit. No es difícil seguir al ejército entre las suaves hierbas que rodean Verdor. Acostumbrado a los caminos, mis nuevos amigos permiten que los guíe siguiendo el rastro de huellas. Avanzamos rápido. A menudo miro hacia atrás y percibo la cara de alegría de Lord Klein, al escuchar la profunda conversación filosófica que mantienen Torinn y Bjorn. A veces algunas palabras arrastradas por el viento llegan a mis oídos “y tú más” o “rebota rebota…”. Sonrío. Es como volver a estar en casa.

Antes de dejar atrás las inmensas llanuras de hierba, hemos divisado el penacho de una hoguera. Mientras nos abrimos en abanico para cubrir más terreno, entramos en un territorio más abrupto. Llegados a la cima, divisamos en un desnivel del terrero un grupo de humanos y otro de kobols. Seguramente rezagados del ejército invasor. Haciendo gala de una coordinación impresionante, dado que llevamos pocas horas luchando juntos, acabamos con casi todos los enemigos. Por desgracia un par de ellos han logrado escapar. Espero que el susto que llevan en el cuerpo les haga desertar y no adviertan al Culto de nuestra presencia. Aunque si lo hacen, les estaremos esperando. Mis compañeros son en verdad poderosos guerreros. Me siento honrado por combatir a su lado. Moradin manifiesta una vez más su amor hacia este indigno enano al permitir que mi destino esté ligado al de este grupo, que sin duda, llevará a cabo hazañas que serán cantadas en cortes y tabernas durante los próximos siglos.

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01 - Diario de un Enano
La batalla de Greenest

29th The Drawing Down (Nightal) 1491(Atardecer)

Mi nombre es Ragdrus del clan Khordaldrin de las montañas Galena. Siguiendo los consejos de mi antiguo mentor, he decidido escribir un diario sobre mis periplos en las tierras de la Costa de la Espada. Así, cuando me reúna con mis ancestros en los salones de Moradin, quedará constancia escrita de las venturas y desventuras del último descendiente de una poderosa saga de guerreros cuyo nombre perecerá conmigo. Maldita sea, pero ¿a quién estoy hablando?, Tharlig, hermano, Erimnaec, amigo mío. Si tan sólo estuvierais a mi lado.
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Dos días atrás partí de Candelero tras escuchar las nuevas de los ataques de un autoproclamado “Culto del Dragón” sobre la ciudad de Greenest. El sonido de esas palabras tuvo un efecto catalítico sobre mí. He pasado cinco años sin saber nada del Culto. Si los sectarios del dragón se encuentran en La Costa de las Espadas, hay bastantes probabilidades de que algún Thayano los lidere. Es también posible que alguno de ellos proceda de la impía Eltabbar, y si es así pueden tener información sobre Giprast Nadotha y Erimnaec. No hay mucho que mencionar en mi viaje hasta Greenest. A lo lejos he divisado algún grupo de granjeros, posiblemente escapando hacia el oeste de la incursión. He tenido que endurecer mi corazón para seguir mi camino sin dejarme ver. Mi objetivo era llegar cuanto antes a Greenest. Tras años de cautiverio con los Magos Rojos, conozco perfectamente las atrocidades que pueden llegar a hacer en los cuerpos y las mentes de sus enemigos. Tengo que ayudar a esa pobre gente.

29th The Drawing Down (Nightal) 1491(Anochecer)

Protegido por los muros de la fortaleza de Greenest, continúo con mi relato. La villa era un caos cuando llegué a ella. Un inmenso contingente de goblins y otros monstruos capitaneados por Magos Rojos sembraban el terror por doquier. He hecho lo que he podido ayudando a los habitantes de Greenest a refugiarse en la fortaleza. Vana esperanza. El gobernador de la villa, Torbaw Nigthill, y el castellano, Escorbert the Red, malherido, se encuentran entre nosotros. Los ánimos están por los suelos, ya que la fortaleza está siendo asediada por tierra y aire. Al ejército de maléficas criaturas que atacan los muros de la fortaleza, se ha unido un vil dragón azul. Entre los refugiados hablan de un grupo de valientes, o locos, que han subido al torreón del castillo para enfrentarse al dragón. Maldigo con todas mis fuerzas por no haber podido unirme a la “fiesta”. Pero he de ayudar a los heridos.
De repente gritos, vítores, aplausos. Los cuatro héroes han vuelto. Dicen que el dragón ha huido. Parece que alguien lo ha ahuyentado. Pero ¿Quién puede ser tan poderoso para hacer que un dragón se vaya con el rabo entre las patas? He de averiguarlo. Quizás podamos forjar una alianza para acabar de una vez por todas con los malditos Thayanos.

29th The Drawing Down (Nightal) 1491(Antes de medianoche)

He luchado codo con codo junto a los héroes que derrotaron al dragón. Parecíamos un equipo. Como si lleváramos bailando juntos la danza de las espadas durante años. La sensación de formar parte una causa más grande y noble que yo embriaga mi corazón de alegría.

Oculto entre las sombras los he observado uno a uno. Tres humanos y un ser cubierto de escamas, que ha resultado ser de la raza de los dracónidos. Un imponente norteño portando un martillo de guerra que responde al nombre de Bjorn Einarsson y clérigo de uno de los incontables dioses humanos, Talos, destaca por su altura y poderosa complexión. Es posible que llegue a igualarme en un pulso. Lord Klein de Gellar, más menudo pero de augusto porte, exuda un aura de palpable poder que sólo puede percibirse entre los mejores manipuladores de las artes arcanas. Giprast Nadotha no será rival para él cuando alcance todo su potencial. El más joven de todos, llamado simplemente Trej, se mueve con tal fluidez y elegancia que parece fundirse entre las sombras que pululan el castillo. Las chiquillas del castillo no le quitan el ojo. Torinn, es un paladín de Bahamut, uno de los dioses de los Dragones. No va a la zaga del norteño en altura o complexión y ha demostrado su bondad al escudarme a mí, un completo desconocido, del ataque de nuestros enemigos. Sin embargo estoy seguro que podría derrotarlos a los dos juntos en el pulso. Parece que Moradin han entrelazado mi destino al de estos héroes. Derramaré hasta la última gota de sangre por ellos.

Los héroes avisan a Torbaw Nigthill de que la fortaleza caerá en breve y que lo más sensato es comenzar a evacuar a los supervivientes del ataque. Torbaw Nigthill y el castellano Escobert, sanado con una de las pocas pociones que quedan en el castillo se niegan a abandonar la plaza. “Moriréis todos. Seréis esclavizados. Entregados al culto”. En mitad de la discusión, una corneta avisa de que varios monstruos han conseguido traspasar los muros. Escobert the Red acude en ayuda de la poca guarnición que queda viva y nos pide ayuda.

El combate es encarnizado. Muchas pequeñas criaturas nos atacan y mis nuevos compañeros están agotados tras la batalla con el dragón. Trato de ayudar en lo que puedo. Torinn y yo mismo tratando de atraer a las bestias, mientras el resto los ataca desde lejos. Parece que Talos realmente tiene un ojo sobre Bjorn porque sus poderes dan cuenta de numerosas criaturas. Finalmente acabamos con el Sectario que ha encabezado el ataque. Pasados los primeros instantes de estupor al ver la dantesca escena del Noble Mago cargando con su daga con una mano mientras lanza virotes de fuego con la otra, tratamos de proteger el hueco creado en la muralla. En un alarde fuerza Torinn es capaz de levantar un enorme tablón que bloquea el hueco. Con una acción audaz Klein “Señor de la Llama” genera otro enorme fuego, esta vez ilusorio, que engaña a los sectarios y nos proporciona el tiempo suficiente para detener la siguiente oleada de enemigos. Nuestras ballestas dan buena cuenta de algunos de los monstruos, aunque no salimos incólumes del asalto. Una lluvia incesante de piedras cae sobre nosotros. El poderoso dracónico exhausto por la larga noche de combates, cede terreno ante los envites de las bestias, y alguna de ellas atraviesa la puerta. No sé si algún ente superior me ha hecho actuar así o ha sido el cantazo que me ha hecho caer al suelo medio desmayado, pero al ver caer la puerta y a mi nuevo amigo rodeado, he soltado la ballesta y antes de darme cuenta volaba me hallaba en el aire cayendo sobre nuestros enemigos. Moradin ha guiado mi hacha que acaba con el último de nuestros enemigos, mientras el resto huye despavorido. Ayudo a Torinn a incorporarse, y volvemos al refugio de los muros, mientras un grupo de canteros se encarga de reparar el hueco. Entre las sombras originadas por los numerosos incendios que asolan la ciudad, vemos una silueta distorsionada. Parece que los Portadores de Púrpura, el cuerpo de élite del Culto del Dragón están dirigiendo el asalto.

No tenemos mucho tiempo para descansar y recuperarnos de nuestras heridas. Tras dos horas, el gobernador Nigthill nos reclama a lo alto de la torre donde nos muestra cómo el Templo de Cauntea, en el cuál un Sacerdote de Cyne, se ha refugiado con sus feligreses, está bajo asalto. Aunque sus sólidas puertas aguantan los embates del ariete, no parece probable que contengan durante mucho más tiempo a los invasores. El gobernador nos insta a que acudamos inmediatamente en ayuda de la congregación. Atravesando los pasadizos excavados bajo la fortaleza, somos capaces de aproximarnos de manera sigilosa al edificio asediado. Para nuestra consternación, vemos un número insuperable de enemigos, apoyados a intervalos regulares por una patrulla que recorre el perímetro del campo santo. ¿Qué interés tendrá dicho edificio o las personas que se refugian en él para que tal ingente número de agentes del enemigo traten de conquistarlo? Debemos obrar con cautela porque un ataque frontal puede ser nuestro final. Son las 2:15 de la mañana del 30th The Drawing Down (Nightal) 1491.

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Sesión 04
Asalto a la fortaleza

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Cuando el dragón azul se pierde en la lejanía, los pocos sobrevivientes que quedan en la torre se relajan ostensiblemente.
El grupo de ya no tan extraños compañeros se acerca al caído castellano Redbrand. Bjorn trata al castellano de urgencia para intentar paliar el penoso estado en el que se encuentra y, cruzando unas breves palabras con el resto del grupo, deciden que lo mejor es llevarlo dentro donde seguro que le pueden curar.

‒Esto ha sido una verdadera locura.‒ Musita Klein mientras mira alrededor de la maltratada torre. Cuerpos desparramados por todas partes, piedras y cascotes reventados allí donde el aliento eléctrico del dragón ha golpeado a los defensores, gritos de dolor de los pocos supervivientes heridos y miradas de confusión y derrota en los aún mas escasos defensores no heridos.
Finalmente se une a Trej para bajar las escaleras y dirigirse a la sala donde se amontonan los heridos.

Trej se acerca a un grupo de mujeres que intentan como pueden ayudar a los heridos para preguntarles algo que Klein no consigue acertar a oir porque está mirando como Torinn, Bjorn y un enano que se les ha unido, luego sabrá que es Ragdrus, están hablando con el gobernador Tarbaw.

‒Neale me debe tener hechizado, ‒se dice a sí mismo Klein‒, porque prefiero oir lo que están diciendose ese grupo de brutos a ayudar a Trej en su apurada situación.

Así que, no sin una última mirada a las improvisadas enfermeras que ya conversan animadamente con Trej, se acerca al resto del grupo.

‒No, no hay nada que podamos daros para aliviar vuestras heridas, ‒está en ese momento diciendo Tarbaw.‒, no nos queda nada, y lo poco que teníamos se ha perdido en el molino. ‒Termina, mostrandose serio y preocupado.

‒Debemos interrogar al prisionero, ‒dice Torinn‒, seguro que nos puede decir algo.

‒Ya estamos en ello, ‒responde Tarbaw‒, en cuanto le sonsaquemos algo seréis los primeros…

‒Perdonad que os interrumpa. ‒Todas las miradas se giran hacia Ragdrus, el enano de pelo blanco que ha hablado‒ Creo que si me ponéis en situación os podré ayudar.

La complexión del enano es, como en casi todos los enanos, asombrosa. Pero lo abultado de sus músculos es desorbitado incluso en un enano. No es esa, de todas formas, su característica física mas destacable, ya que lo verdaderamente llamativo del enano es que, a pesar de su evidente juventud, no debe tener mas de 140 años, su pelo está completamente blanco, lo que es raro incluso entre los ancianos de su raza.

Como para explicar su proposición de ayuda, el enano se descuelga de la espalda un hacha de batalla.

‒Talos es suficiente ayuda para mí, pero está claro que este grupo de cobardes que se atrincheran en esta casucha te estarán agradecidos. ‒sentencia Bjorn.

En ese momento todos callan cuando se oyen gritos de lucha en el patio del castillo. En verdad, no todos callan, Trej y las tres mujeres no parecen siquiera haberse dado cuenta al estar riéndose por algo que una de ellas ha dicho.

Pero el resto de compañeros se miran entre sí y, sin mediar palabra, bajan a ver a qué nuevo problema se deben enfrentar esta vez.

Cuando se asoman al patio del castillo descubren que un grupo de enemigos, ayudados por la oscuridad nocturna, ha entrado en el castillo. Una puerta en el muro norte, que hasta ahora les había pasado desapercibida a los compañeros, ha sido derribada y un numeroso grupo de Kobolds junto a un Cultista del Dragón están sembrando el pánico ante un minúsculo grupo de defensores.

El primero en actuar es Klein, pero está demasiado cansado para ser de mucha utilidad. A pesar de ello, impelido por el miedo a que otros cultistas aprovechen la puerta rota para entrar en el castillo lanza una pequeña mota de magia, una pequeña canica de fuego dirigida hacia el cultista que sin embargo explota algo alejada de su objetivo y apenas le deja una pequeña quemadura.

Ragdrus y Torin saltan a por los Kobolds, sobrepasando al mago mientras cargan contra ellos. Los kobols, actuando al unísono, rodean a ambos y les atacan casi en armonía, hiriendo incluso al habilidoso Ragdrus. En un par de ocasiones es el escudo de Torinn el que debe desviar mazazos dirigidos al enano que posiblemente hubieran terminado con él.

Pero una vez superada la sorpresa inicial por el ataque combinado de los Kobolds, ambos guerreros dan la vuelta a la situación haciendo valer su superior habilidad en combate.

Mientras, Bjorn ha cargado su ballesta pesada, a la que está cogiendo un evidente cariño, y dispara un par de veces contra el cultista, sin más éxito que un par de arañazos. Así que finalmente decide tirar la ballesta y cargar con su enorme martillo de guerra contra los Kobolds que rodean a Ragdrus y Torinn.

El cultista ha estado entonando un cántico en loa de su maligno dios, y este le ha debido oir, porque un chorro de llamas salidas de la nada caen sobre el cuerpo de Klein dejándole bastante maltrecho.

Dándose cuenta de que el resto de compañeros no podrán ayudarle esta vez, Klein echa a correr rodeando a Kobolds, humanos, enanos y dragonborn y acercarse al cultista. Lanza otra mota de fuego, pero estalla lejos del cultista.

Los otros tres compañeros parecen luchar como si toda la vida lo hubieran hecho juntos, matando de forma metódica a todos los Kobolds que los rodean sin recibir mas que arañazos.

Pero Klein se da cuenta de que no llegarán al cultista antes de que éste le ataque de nuevo.. y no cree que vaya a sobrevivir a otro ataque.

‒Si mi madre se llega alguna vez a enterar de esto, me deshereda. ‒ piensa para sí antes de lanzarse en una alocada y suicida carrera contra el cultista mientras que se concentra, esta vez sabiendo que le va la vida en ello, en conjurar de forma correcta una nueva mota de fuego.

La pequeña bola sale culebreando hacia el cultista, que apenas es capaz de girarse, demasiado asombrado o asustado para intentar esquivarla. La mota impacta en el centro de su pecho y explota con una furiosa explosión, mucho mayor que cualquiera conseguida anteriormente por Klein.

Éste, que se ha lanzado gritando como un poseso contra el cultista, llega hasta él instantes después de que el cuerpo completamente carbonizado haya caido al suelo. La sorpresa por haber acabado con él queda reflejada en su cara y durante unos instantes mira embobado, con un puñal en alto, el cuerpo humeante en el suelo.

Los tres restantes compañeros han podido de mientras matar a todos los kobolds restantes y miran alrededor buscando si quedan enemigos. Torinn se fija entonces en que Klein está intentando arrancar una puerta a un cobertizo para con ella intentar cerrar la destrozada puerta del castillo.

‒Ḿas que arrancar la puerta, parece que se está intentando arrancar el hombro. ‒Musita Torinn antes de acercarse a ayudarle.

Entre los dos consiguen colocar como pueden la puerta… pero no hay donde agarrarla, así que mientras Klein mira a través de la apertura, Torinn se queda el solo manteniendo la puerta apoyada en los restos de la original.

‒¡Se acercan más enemigos! ‒Grita en ese momento Klein cuando observa, por una apertura que la puerta de Torinn deja, que a lo lejos otro grupo de sitiadores parece haberlos visto y en ese momento les señalan.

Ragdrus y Bjorn se hacen de nuevo con sus balletas y se encaraman al adarve de la muralla norte mientras las cargan.

‒¡Son demasiados! ‒Piensa Klein mientras mira impotente cómo Torinn intenta trabar la puerta que seguro a nadie va a impedir entrar. Se le ocurre una idea.‒ Bueno, si engañó al gato de madre, quizás también lo haga con unos kobolds… ‒Y entona unas palabras mágicas.

Ragdrus y Bjorn se van turnando en disparar las ballestas al numeroso grupo de enemigos que se acerca: kobolds en vanguardia, y humanos cultistas algo más atrás. Pero ninguno parece arredrarse por ello.

Klein termina de montar su ardid mágico y unas ilusorias llamas parecen devorar buena parte de la puerta que Torinn sigue sujetando.

‒¡La próxima vez avisa! ‒Grita Torinn a Klein.

Pero las llamas que tan evidentemente parecen una ilusión al grupo, son completamente reales a los kobolds, que detienen su avance y gritan en dracónido:‒ ¡Traed agua para apagar esas llamas!

‒¡Ja! ‒Se felicita Klein. Y con una sonrisa de lado a lado corre al adarve para intentar acosar desde allí a los enemigos que se acercan… olvidado ya Torinn a su espalda, que sigue sujetando la puerta él solo.

Mas flechas de Bjorn y Ragdrus alcanzan a los enemigos. Un grupo de ellos parece haber retrocedido en busca de agua, pero los kobolds se han quedado a medio camino, dudando entre alejarse o quedarse al alcance de las ballestas.

Pero un cultista vestido de sacerdote se ha dado cuenta de que las llamas no son reales. Y grita algo a los kobolds que se avalanzan contra la puerta de Torinn.

Tres de los kobolds hacen ahora presión contra la puerta, con Torinn apenas puediendo contenerlos unos segundos. Pero Bjorn y Ragdrus aprovechan esos instantes para asaetar a los asaltantes a placer.

Por fin los tres kobolds consiguen desplazar a Torinn, que con un grito de rabia cae hacia atrás, deja caer la puerta y saca su hacha de batalla para enfrentarse a ellos.

Dándose cuenta de la apurada situación, Ragdrus deja caer su ballesta, salta fuera de la empalizada y carga contra el sacerdote cultista. Bjorn grita una nueva alabanza a Talos y salta junto a él.

Los siguientes minutos se le hacen muy confusos a Klein, que apenas puede mantenerse en pie y es de bastante poca ayuda. Pero los tres guerreros se bastan para barrer a los restantes asaltantes. Primero el clérigo oscuro, y luego cada uno de los kobolds y humanos que se atreven a acercarse caen bajo sus aceros.

‒¡Que alguien haga una barricada! ‒Grita con enfado finalmente Bjorn cuando no quedan más enemigos que matar. Lleva la cara y los brazos llenos de sangre, ofreciendo una terrible imagen, lo que seguramente es el verdadero motivo por el cual unos cuantos maltrechos campesinos salen de sus escondites y se ponen a trabajar en una improvisada barrera.

Por fin pueden los cuatro aventureros relajarse un poco. Se buscan con la mirada para confirmar que están todos bien y al cabo de unos minutos suben a buscar de nuevo al gobernador Tarbaw.

La conversación con Tarbaw sigue los mísmos círculos que las anteriores veces:

‒ ¡Debéis buscar ayuda en los pueblos o ciudades vecinas! ‒Insiste Klein.

‒ ¡Pero no podemos! Tardarían días en llegar y no son mas que campesinos, no hay ninguna fuerza militar por la zona… ‒Responde Tarbaw.

‒ Pues entonces salid en tromba para abrir el cerco y huid lejos de aquí ‒responde furioso Bjorn.

‒ O aprovechad la salida oculta que lleva al río para huir. ‒Añade Torinn.

‒ ¡No podemos abandonar a los heridos aquí! ‒Se defiende Tarbaw

‒ ¡No merecen piedad alguna aquellos incapaces de defenderse a sí mismos! ‒Acusa Bjorn.

“Bum, bum, bum”

El rítmico golpear de un ariete contra una puerta resuena por todo el pueblo y acalla no sólo al grupo que rodea a Tarbaw, también consigue llamar la atención de Trej y de la única enfermera que sigue a su lado.

‒¡Es en el templo de Chauntea! ‒Dice asustado Tarbaw mirando a los compañeros.‒ No tengo a nadie más a quien acudir. Haced algo, por favor.

Palabras soeces, discusiones y caras de abatimiento se suceden durante unos minutos mientras entre todos intentan planear qué pueden hacer.

“Bum, bum, bum”

Finalmente se deciden a volver al pasadizo oculto, salir al río e ir escondidos hasta llegar al templo.

No ven a nadie, y los árboles a ambas orillas del río les permiten sin mayores problemas pasar desapercibidos hasta alcanzar un murete que rodea al templo.

Pero cuando asoman la cabeza por encima se les corta el aliento: rodeando el templo hay varias decenas de kobolds, humanos y cultistas.

Y el ariete vuelve a golpear las puertas del templo.

“Bum, bum, bum”

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Memorias de Klein
Un análisis pormenorizado

El estudio de la magia es apasionante. Según te sumerges en sus misterios, sus leyes y sus limitaciones, puedes moldear la realidad para ajustarla a unos patrones determinados y lo que es más importante, puedes determinar por adelantado cómo se sucederán los eventos.
En mis tratos con la aristocracia de Puerta de Baldur podía también predecir, aunque en menor medida, cómo se iban a suceder los eventos. Casi se puede establecer una fórmula que aúne la codicia, los beneficios y los riesgos para determinar el resultado de cualquier negociación.
Por eso no puedo mas que extrañarme por los sucesos de los últimos días. Pareciera que la razón se opone a la realidad.
Este norteño, este adorador del tosco e indómito Talos, me ha dado una lección de lo que creo que mi querida Neale intenta explicarme, con esa adorable impaciencia pícara suya, sobre el significado de la frase “dejarse arrastrar por los sentimientos”.
Bjorn se lanzó al combate imbuido de la locura de Talos contra todo un dragón azul adulto. Un dragón azul.
Trej y yo intentamos persuadirle de que no perdiera su vida en tan descabellada aventura, pero no sólo no nos hizo caso… es que a cambio consiguió convencer a la escasa guardia del castillo para unirse a su locura.
Siempre he dudado de que los Dioses se sientan interesados por lo que hacemos en Faerun, pero si Talos no intervino en los acontecimientos que se sucedieron… simplemente no entiendo cómo fue posible que se desarrollaran como lo hicieron. Pero el caso es que el dragón terminó huyendo.
Y a partir de ese momento la situación se volvió completamente surrealista.
¡La gente no sólo no se enfrentaba a Bjorn por su estupidez… es que le vitoreaban! Y lo que es peor, a Trej y a mi, sin duda los más sensatos de todo el castillo, no sólo no nos mostraban afecto o agradecimiento por intentar insuflar algo de sentido en sus mentes… ¡es que nos miraban con desdén! ¡Resulta que los cobardes éramos nosotros!
Tengo que estudiar con detenimiento estos sucesos. Y creo que haré experimentos en las aventurosas jornadas que seguro nos esperan. Necesito entender cómo es posible manipular la mente de la gente para que dejen de lado la razón y actúen en contra de sus más básicos intereses.
El poder que este misterio encierra es asombroso.

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Diario de Bjorn (II)
Página 2

Greenest.

La caravana no ha resultado importante ni se aprecia transporte de cargas valiosas. Mejor así, pues no hemos llamado la atención de bandas dedicadas al pillaje en la región. Estos continentales son ciertamente peculiares. Muchas de sus costumbres no distan en demasía de las que frecuentamos en las Moonshae pero algunas sí me llaman poderosamente la atención, como esa imperiosa necesidad que parecen tener muchos de ellos por entablar conversaciones sin conocer a su interlocutor o incluso acercarse a escuchar los que otros hablan terciando en la charla. Esto en Las Islas sería considerado poco menos que un insulto pero quedan ya muy atrás en el Oeste y debo ir haciéndome al hecho de que aquí, en el continente, las gentes no recelan unas de otras ni mantienen las más mínimas precauciones a la hora de intimar con los demás que el sentido común ordena, pues si alguien no es de tu clan sabes que puede ser un enemigo y, de hecho, suelen serlo, con lo que este tipo de debilidades culturales aún me resultan ajenas y chocantes. Se sientan en corrillos y comen, cantan y bailan sin conocerse o existir lazos de hermandad entre ellos.

Talos ha querido otorgarme la suerte de toparme en la caravana con un dracónido. Es la primera vez que veo a un miembro de su raza pero lo que me ha llamado la atención de este guerrero es que porta en su escudo un dragón blanco sobre fondo azul. Dice llamarse Torinn y ser un paladín de Bahamut. Le he saludado y hablado con él atraído por la posibilidad de que conociese información sobre el culto del dragón. Parece ser que la orden religiosa a la que pertenece rinde pleitesía a un dios dragón enemigo de Tiamat, con lo que busca lo mismo que yo: averiguar más sobre dicho culto y acerca de qué se cuece allá en el Este. Siendo guerrero y llevando la misma senda era lógico unir nuestros pasos en pos de sumar fuerzas. Con lo que no contaba era con la injerencia de dos humanos que se nos han acercado, atraídos por la mención del culto maldito. Uno es un noble de poco mundo que, aunque sin escolta personal ni guerreros bajo su mando, se autoproclama lord. Dicen llamarse Klein de Gellar este y Trej el otro, al que gusta jugar con un pequeño cuchillo con el que trabaja la madera y que porta arco a la espalda. Ambos han pedido unirse al dracónico, que les ha permitido el honor. Dado que yo viajaré con él en adelante, no me queda más remedio que tolerar la presencia de estos dos y rezar a Talos por que sepan defenderse a sí mismos. Si complicado va a ser tener que lidiar con unos fanáticos adoradores de la diosa dragón, no quiero ni pensar en que un noble y un pícaro pilluelo puedan andar molestando por entre medias.

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Aprovecho un descanso junto al río para recuperar el aliento tras un desafortunado encuentro con unas alimañas en un túnel y miembros del culto al dragón para perderme unos instantes en mi diario e ir ampliando la información que sobre este viaje dejo en él.

Cuando ya caía el manto de la noche hemos avistado Greenest en la distancia. Nos ha resultado fácil pues arde por los cuatro costados. El poblucho o aldea, pues ni tiene grandes dimensiones ni recinto amurallado que puedan permitir referirse a él como ciudad, siquiera como pueblo; está siendo atacado por una horda invasora llegada desde el Este. Pero lo más importante es que hay un dragón ¡Oh ala bado seas Talos, un dragón! Me permites lanzarme a la batalla contra una horda que cuenta con el servicio de tan magnífica criatura. Será un placer poder enfrentarme a ella en cuanto sea posible. Por el momento no ha habido ocasión y perdemos el tiempo ayudando a estos necios que se ocultan como ratas aguardando una muerte cierta en vez de plantar cara a sus enemigos. El dracónido parece mostrar un exceso de clemencia y de bondad hacia estas gentes, aunque no son de su raza ni pertenece a este pueblo. Creo que responde a su fe o al mandamiento de su dios pues siempre anda como constreñido, autolimitado, dedicándose al noble arte de la lucha pero como si la propia sangre le repugnase. Muy extraños estos paladines.
Nada más atisbar el ataque y al dragón sobrevolando la aldea corrí a lanzar el debido grito de guerra del Clan del Lobo y me dispuse a cargar hacia la población en llamas. Daba por hecho que todos harían lo mismo pero la caravana quedó petrificada por el miedo. Incluso la escasa escolta mercenaria se justificó en que su trabajo es proteger la caravana en sí, no a otras gentes y cierto es, respeto su acuerdo pues por eso les pagan, pero la oportunidad de luchar podría haber atraído a algunos. No ha sido así y solo cuatro hemos acudido a la cita. Me ha sorprendido que hayan venido los dos humanos que mencioné antes pues no esperaba ese valor en ellos aunque imagino que les habrá podido la posibilidad de perder de vista al dracónido y la pista sobre el culto. Sea como fuere han resultado de utilidad contra todo pronóstico pues el noble resulta que conoce hechizos mágicos y el pilluelo se defiende bien en el lanzamiento de flechas.

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Las primeras viviendas a las que acudimos nos mostraron a un grupo de aldeanos huyendo siendo perseguidos por un grupo de kobolds. Sin dudarlo me lancé al combate, seguido por los demás. Los kobolds no opusieron por desgracia mucha resistencia y fue un combate corto. Cuando he querido seguir avanzando para enfrentar más enemigos ha resultado que el dracónido y los humanos se han detenido a socorrer a los aldeanos heridos ¿Qué pretenden de un ataque a una aldea? ¿Que nadie salga herido? Es normal en la guerra que unos vivan y otros mueran, que se sangre y se magullen los cuerpos. No entiendo esa necesidad de ir preocupándose por estos aldeanos que ni defenderse saben. Un lastre que me ha hecho perder un valioso tiempo para acceder a la información que requiero en este poblucho.

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Por fin pudimos avanzar y nos topamos con un grupo más numeroso, mucho más adecuado para que la lucha tuviese sentido y resultase digna. Había humanos, kobolds y unos lagartos alados. Planteé una estrategia sencilla: que dracónido y humanos se apartasen y llamar yo la atención de los enemigos para que me atacasen, cosa que hicieron prestos e ignorantes de lo que les esperaba. Una ola relampagueante de Talos golpeó al numeroso grupo que me rodeaba y dejó a la mayoría fuera de juego, permitiendo que los demás entrasen en acción y acabar con la amenaza de forma rápida. Quise dejar a uno con vida, pues pertenecen al culto al dragón y me interesaría disfrutar del placer de su conversación tras aligerarle la lengua con unos convincentes golpes pero el dracónido y los humanos querían posponerlo, ansiosos por llevar al grupo de aldeanos que mencioné anteriormente hacia la fortaleza de la aldea. Ese afán por anteponer las necesidades de otros a las propias es algo que no alcanzo a entender y que, me temo, acabará por causarnos más problemas que beneficios.

Llegamos pues a la fortaleza hace cosa de un par de horas. La llamaré tal pues ese es el pomposo nombre que dan aquí a una torre de tres plantas con un perímetro amurallado de apenas una docena de metros en su lado más espacioso del patio resultante. Tampoco podía esperar otra cosa de un villorrio como este y harían mejor en llamarle la ratonera pues acuden en masa a esconderse aquí del enemigo poniéndoselo a este fácil para, por un lado saquear y destruir a gusto por la aldea y, por otro, rodear este lugar para forzar su rendición. De tratarse de un asedio a las murallas de una ciudad lo comprendería o incluso si se tratase de un robusto castillo pero no es el caso. No he apreciado aljibes para el agua ni pozos. El único acceso al río parece ser el túnel que conocemos y acudir con recipientes para satisfacer la demanda se me antoja harto complicado. Deberían emplearlo para evacuar o, mucho mejor, para sacar fuerzas con las que sorprender a los atacantes desde la retaguardia.

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El jarl de la villa es un tal Tarbaw Nighthill, humano pusilánime con aires de una dignidad que no demuestra con sus actos pues, nada más vernos, corrió a supicar ayuda para que salvásemos el molino de la aldea. Sus ruegos y lamentos son indignos de quien ostenta el poder sobre su pueblo y debe comandar a sus hombres en la defensa. Sus ademanes son graciles, afeminados diría yo, y quiso acompañarnos en persona a un acceso secreto a cierto túnel que comunica al lugar con el cercano río ¡Cobarde! Cualquiera podría habernos acompañado hasta abajo pero le placía alejarse del combate, de la lucha, de la sangre y del lugar donde los suyos pelean y mueren, porque al menos algunos de los lugareños sí tienen los arrestos de enfentarse al enemigo, aunque sea desde la protección de esos muros. Este conejo a dos patas nos presentó al castellano, un enano que dice llamarse Escobert y que en vez de hallarse junto a los defensores se nos ha pegado con la escusa de ser quien porta las llaves ¡Talos! ¿Acaso puede haber mayor incompetencia? Pero lo peor no es eso sino que el dracónido y los humanos han estado encantados con la idea de prestar ayuda a este jarl sin honor y a su débil gente. Si les he acompañado ha sido porque el horror en el rostro del tal Tarbaw me puede ser útil. Necesito información sobre el paradero del semielfo y sé que él me la puede facilitar. Podría sacársela a golpes pero creo que en su timorato estado su lengua será más propensa a ladrar cuanto necesite si antes alivio el pavor que le atenaza.

El discurrir por el túnel ha ido bien hasta toparnos con grupos de agresivas ratas que se nos han echado encima. A punto de no poder contarlo hemos estado, pues angosto era el espacio, numerosas las alimañas y complejo conseguir que la verja de hierro que da al exterior se abriera, incluso contando con la llave que nos facilitaron. Muy oportuno ha sido el empleo de cierto poder divino que el dracónido ha mostrado. Sus manos imbuyen una energía reconfortante que devuelve las energías y ayuda a la sanación de las heridas. Es un poder que le otorga su dios y gracias a él me repuse a tiempo de evitar que el humano arquero pereciese. Con la verja abierta y tras descansar un poco, seguimos el curso del río para encontrarnos con un grupo de cultistas que avanzaban por la orilla. El noble puede hacer caer en el sopor con uno de sus hechizos, de modo que me acercado a degollar a los durmientes y hemos dejado con vida al que parece poseer más rango, atado y amordazado para posterior charla.

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Entre una cosa y otra hemos atisbado el molino ardiendo, lo que era de prever, de modo que hemos decidido regresar a la ratonera dando por terminado este breve encargo y nos detenemos ahora en la foresta a reponer energías unos minutos. Estoy deseando poder tener unos minutos con los prisioneros para que me pongan al día sobre cómo van las cosas en ese culto tan envalentonado como para realizar ataques tan cerca de las grandes ciudades de la Costa de la Espada.

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Sesión 03
Lucha contra el Culto del Dragón en Verdor

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…continuación de mi Diario. La emboscada estaba preparada, el Dracónido se había adelantado al resto y se había dirigido ya hacían el interior del túnel, con lo que decidí esperar para capturar al grueso de los herejes.

Algo salió mal. De repente el mágico, que avanzaba en retaguardia y llevaba al pobre Ecgfrith con él, se dio cuenta de que estábamos allí. Al principio no lo tuve muy claro, pero entonces, cuando se detuvieron y empezaron a cuchichear y mirar en nuestra dirección, lo supe con claridad.

Invoqué la maldición de la Reina Oscura sobre todos sus enemigos y ordené cargar a mis hombres. Yo mismo emplee mi magia de ordenamiento sobre el que me pareció más peligroso de todos, un nórdico sacerdote de Talos. Pero sus proezas de combate era mayores de lo que había esperado en esos tres hombres.

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Sin ningún problema, el nórdico resistió mi magia. El explorador del grupo descargaba flechas continuamente con su arco sobre mis hombres. Incluso en la oscuridad de la noche, donde mis hombres no acertaron apenas a alcanzarles con nuestras lanzas, aquél arquero tuvo cierta pericia. El nórdico luchó haciendo honor a las leyendas de los asaltantes y conquistadores de las Moonshaes. Pude atender a vislumbrar entre sus ropajes señales de pertenencia a algún tipo de clan, que por mis costosas averiguaciones posteriores, supe se trataba del Clan del Lobo. Uno de los más feroces grupos de guerreros iluskanos de las islas. Cuando su martillo no fue suficiente, comenzó a conjurar llamas y relámpagos sobre mis guardias. Ya debilitados, el mágico los hechizó con potente magia somnífera. Sus débiles mentes no aguantaron el asalto, y yo estaba tan debilitado, que sucumbí también a su influjo.

Lo siguiente que recuerdo es aquellos profanadores despertándome, maniatado y amordazado, supe que pretendían llevarme al interior, donde ocuparía el lugar antes destinado a Ecgfrith para ser interrogado. Lo que no sabían era que no sería tan fácil doblegarme a mí.

M metieron en una asquerosa jaula, sin duda destinada a meter a borrachos y buscabroncas para que pasasen la noche, pues estaba totalmente diáfana, y apestaba a orines. Desde mi celda pude oír a los guardias exaltados cómo se contaban entre ellos los actos que se iban sucediendo en lo alto de la fortaleza. Lennithon, nuestro más poderoso aliado en el ataque, estaba causando estragos entre los defensores de la torre. Costó mucho convencerle de participar en el ataque, y no me extrañó que decidiese marcharse cuando la lucha se puso difícil.

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Por las palabras de los guardias supe que tanto el mágico como el batidor del grupo estaban dando grandes muestras de cobardía. Ja! era algo normal para simples herejes el temer a un ser cuasi divino como Lennithon. Aquellos críos de teta casi lloraban cuando corrió la noticia de que su jefe, el enano rojo, había caído frente a los relámpagos del Azul. Lo que realmente me sorprendió, fue cómo hablaban con profunda admiración de la entereza y decisión del nórdico. Aun gravemente herido por los ataques de relámpago, según contaban, el sacerdote de Talos logró elevar una plegaria al cielo nocturno para traer el poder del rayo sobre su saeta, que alcanzó el torso del dragón y se clavó profundamente en él. Una proeza así, sólo puede ser explicada por la intervención de su Dios.

Largas horas pasé en los años posteriores investigando acerca del señor de la tormenta, Talos, pues aquella hazaña me consternó sobremanera.

Los hechos que sucedieron los meses posteriores, respecto a aquellos hombres, me extrañaron poco después de haberlos visto combatir.

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Diario de Bjorn
Página 1

Llegada al continente.

La sensación al descender de la pequeña embarcación iluskana y echar pie a tierra siempre es la misma. Un norlandiano echa de menos el mar apenas se aleja unos metros de él y sé que mis pasos me habrán de llevar muy al interior, en el continente. Una ligera sensación de agobio me aturde durante unos instantes. Incluso en lo más recóndito de Norland o de cualquiera otra de las Moonshae se puede ver el mar o, al menos, olerlo, sentirlo. No será posible allá donde mi determinación me conduce, leguas tierra adentro, hacia el Este. El desembarco lo he realizado en Candelero, importante enclave cultural de la Costa de la Espada, afamada población habida cuenta de lo ilustre de su biblioteca; pero no llego al continente en busca de conocimientos y saberes mundanos, la sed que aquí me trae tan solo la apaciguará poder determinar cuánto de realidad tiene la profecía que habla sobre el mal que se alza en el levante acerca de un culto del dragón que se afana por alzar a Tiamat y, con el poder de la diosa, arrasar cuanto desde allí hacia el Oeste se oponga a sus deseos.

La primera vez que escuché sobre esa profecía fue en el templo a Talos que se encuentra a escasas millas al norte de Rogarsheim, al borde de los acantilados. No era la primera vez que asistía a un vaticinio de muerte y destrucción, pero sí la primera que amenazaba a mi propio pueblo, a mi hogar. Si la profecía era cierta, todo el mundo que conozco y amo dejaría de existir, la cultura iluskana, su tradicional modo de vida, su libertad. Pocas cosas hay sobre la faz de Faerun que un iluskano de las Moonshae aprecie más que la libertad. Libres somos para luchar, libres para asaltar, libres para saquear. Los placeres de las partidas de guerra iluskanas son sencillos y sus miembros son felices a poco que podamos dar rienda suelta a nuestros apetitos de combate y derechos que otorga la victoria. Y por supuesto el mar, el enorme y respetado mar. En ninguna otra parte un norlandiano se siente más libre que a bordo de una nave, surcando las aguas, la mayor de las veces en persecución de alguna otra embarcación cuya tripulación ha cometido la insensatez de adentrarse en las aguas del archipiélago.

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Pertenezco al Clan del Lobo, una importante partida de guerra tradicionalmente al servicio del jarl de Rogarsheim y, por ende, señor o señora de la isla, y es que los norlandianos valoramos al guerrero sin importar se trate de hombre o mujer. Importantes casos de guerreras iluskanas hay en la ilustre saga de jarls de Rogarsheim, mi añorada madre fue, de hecho, una de ellas. Hombres y mujeres luchan por igual en las incursiones que, a título privado o en calidad de mercenarios, hemos realizado desde hace siglos por todo el archipiélago e incluso contra lugares de la costa continental.

Perfectamente podría haber seguido con la vida de cualquier miembro del clan, despertando cada amanecer deseando sentir la adrenalina del combate correr por cada una de mis venas y yacer al anochecer junto a una mujer y entre el sopor del hidromiel o la buena cerveza iluskana. No son necesarios planes a largo plazo, estrategias vitales cuando la propia vida provee lo necesario y, si no es el caso, se agarra con violencia de allá donde esa necesidad se encuentre. Pero Talos tiene otros planes para mí y los acato con auténtico fervor. Puede que tarde en volver a contemplar la espuma del mar, a sentir la brisa marina en el rostro y la sal en el paladar. Esos han sido los pensamientos que se agolpan en mi mente mientras caminaba por el puerto de Candelero camino de mi primer objetivo, una tabernucha junto a los muelles frecuentada por estibadores. Era un ambiente marinero pero no mi ambiente, estos continentales no son iluskanos, no son miembros de mi clan y no son guerreros ávidos de sangre. Para un miembro del Clan del Lobo son poco menos que potenciales presas, si algo de valor tuviesen que mereciera la pena arrasar este lugar… Para mí son un mal necesario y si hasta aquí he viajado es en busca de un contacto pues, allá en mi isla, un miembro de mi orden me informó de que, para obtener información sobre el culto a Tiamat, debería encontrarme con un semielfo llamado Leosin Erlanthar, otro de esos males necesarios a los que tendré que acostumbrarme.

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Mas, el bastardo no se encontraba ya en Candelero sino que había marchado hacía pocas jornadas hacia el Sureste, a Beregost, de modo que no he tenido más remedio que encaminar mis pasos hacia la cercana localidad para encontrar allí respuesta a varias preguntas que sobre ese extraño culto del dragón tengo y poder determinar con mayor precisión cuáles deberían ser mis siguientes pasos a tomar. No obstante, el semielfo tampoco se hallaba ya en Beregost sino que, según me informaron, marchó hacia un villorrio sito más al Este llamado Greenest. La suerte ha hecho que me enterase de que una caravana parte hacia dicha localidad en unas horas, con lo que no ha sido complicado poder sumarme a la misma y, de ese modo, contar con una fuente de suministro e información. Más le vale al medio elfo estar allí para cuando yo llegue.

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Sesión 02
Encontrando el túnel

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Diario de Gylas Wyardaye. última entrada

Esta es mi última entrada en este diario. Aquí dejo el legado escrito de toda una vida dedicada a mi gran Diosa, a la Reina de la Oscuridad, Tiamat la de las cinco cabezas, la gloriosa Señora de las auténticas Sierpes.

Hago balance de toda una vida de servicio dedicada a Tiamat y a mis hermanos del Culto, y sólo hay una cosa que lamento, un único cabo suelto en mi existencia.

Hace ya más de 50 años, cuando preparábamos el ritual de invocación, realizamos algunos ataques en pequeños pueblos al Este de Beregost. Estas incursiones habían sido ordenas por Severin; “hay que preparar un tesoro digno se la Diosa para cuando ella llegue” fueron sus palabras. Frulam Mondath, que por extraño que parezca mandaba por aquellos tiempos la Orden del Culto Azul de las Montañas de la Puesta de Sol, ordenaba los ataques.

No sé muy bien cómo, consiguió el favor de un gran azul, un solitario llamado Lennithon.

En los últimos días de Noctal del año de la Bruja Escarlata, 1491 CV, cuando las noches eran más largas y el invierno más crudo, Frulam ordenó el ataque contra un pueblo situado en una importante vía comercial. Nunca olvidaré ese nombre; Verdor.

Los aldeanos no tenían nada que hacer. No queríamos correr ningún riesgo, de modo que además de al dragón, y los miembros del culto, llevamos con nosotros a toda una tribu de Kobolds de las Montañas y contratamos a mercenarios provenientes de toda la Costa de la Espada.

Todo iba según lo establecido, hasta que cuando estaba junto con algunos de mis hombres revisando el río al sur del pueblo, buscando supervivientes que tratasen de escamotear sus riquezas o sus vidas con ellos escuchamos sonidos procedentes de una salida de alcantarilla.
Supuse entonces que algunos aldeanos estaban escapando por alguna especie de túnel subterráneo que debía de comunicar la fortaleza con el exterior. Decidí esperar ocultos para emboscar a los pobres incautos. Pero cuando salieron del túnel mi sorpresa fue mayúscula, ya que del interior no salieron unos pobres y asustadizos aldeanos, ni siquiera milicianos. Estos eran sin duda alguna gente especial.

Desde el interior pudimos escuchar que provenían tremendos ruidos de combate. Uno de los primeros en salir era algún tipo de mágico que conjuraba sobre las ratas su magia del fuego, quemando a varias de ellas. Pude observar también cómo un enorme Dracónido Plateado empleaba magia clerical de curación, con oraciones a Bahamut, para alzar a alguno de sus guerreros caídos.

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Malditos traidores ignorantes, los Dracónidos servidores del falso Dios merecen la peor de las muertes.

Fue en ese momento que supe que debíamos capturarlos, y ofrecerlos en sacrificio a la Diosa.
Por lo que decidió observar sus actos. Apagaron sus antorchas y trataron de moverse en sigilo aprovechando la densa vegetación de la linde del río. Llegaron hasta un punto desde el que podía vislumbrarse el molino que mis hombres acababan de quemar, eso pareció decepcionarlos, lo que me llenó de gozo, pues ya conocía sus verdaderas intenciones. Entonces dieron media vuelta, y se dirigían de vuelta a la entrada del túnel cuando Ecgfrith y alguno de sus hombres iban de camino hacia ellos. Intentaron ocultarse, aunque sin mucho éxito. Desde luego, el sigilo no era su fuerte. Sus pesadas armaduras les impedían moverse con comodidad. Ecgfrith era un idiota, y un débil, pero por algún motivo gozaba del favor de Frulam, con lo que decidí esperar y ver qué pasaba. Tal vez Beshaba me sonreiría aquella noche y podría ganar dos objetivos a la vez, aprender de mis enemigos y deshacerme de aquel estúpido.

Ecgfrith y sus hombres los detectaron cuando estaban escondiéndose entre la maleza y la oscuridad de la noche. Pero cuando se aproximaron hacia ellos, su ataque fue fulgurante, supe entonces que se trataba de enemigos formidables. Pues acabaron con varios de nuestros hombres y aquél estúpido en solo un instante. Capturaron Ecgfrith y se lo llevaban hacia la fortaleza, por lo que decidí que tenía que actuar, o averiguarían cosas de nosotros que no deberían saber…

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Sesión 01
Ataque a Verdor

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Cuéntanos abuelo Swift, cuéntanos otra vez la historia del ataque al pueblo y del terrible Dragón Lennithon

La mayor de los tres hermanos suplicaba ansiosa, mientras abrazaba a sus dos hermanos pequeños, pues sabía que la historia que su abuelo estaba a punto de comenzar, era un de gran desesperanza y temor, aunque también de grandes héroes que hacen frente a las más terribles amenazas

Está bien hija mía, meteos en vuestras camas, la noche está fría, y vuestros padres me reñirán de nuevo si cogéis frío por mi culpa

El rechoncho anciano contemplaba el frío de la noche de los últimos días de Noctal. El año de la Avalancha Nocturna estaba tocando a su fin, y poco a poco la oscuridad del exterior de la gran casa familiar le iba llevando a aquellos recuerdos ya lejanos, de una noche como esa, en la que la tranquila paz de su pueblo natal, Verdor, fue rota por el ataque de saqueadores, cultistas, monstruos y asesinos, por el ataque del dragón azul Lennithon…

Atacaron cuando cayó la noche. Mis hermanos, mi padre y Linan, mi valiente madre, habíamos estado todo el día trabajando en los cobertizos, preparando las cuadras para que los animales pasasen a salvo del frío esa noche.

El anciano se quedó pensativo…

Tuviste miedo abuelo?

Preguntó inquisitiva la hermana mayor, sacando de su ensimismamiento al ensombrecido narrador

Sí tuve miedo querida, todos lo tuvimos. Lo primero que escuchamos fueron los gritos de las gentes del pueblo mientras huían del saqueo y la masacre. Al principio no entendimos muy bien qué es lo que estaba pasando. Varios pueblos de la zona de los Campos Verdes habían sido atacados ese invierno, pero yo era aún demasiado joven para entender esas historias. Nuestro padre se quedó paralizado por el miedo cuando escuchó el romper del trueno en el cielo. Nuestra granja no estaba muy lejos de la fortaleza, y pudimos escuchar cómo el relámpago destruía parte de su torre.
Sólo Linan, vuestra valiente bisabuela supo reaccionar. Cogío rápidamente las armas improvisadas que tenía a su alcance, y nos urgió a correr, cogiendo sólo algo de abrigo para hacer frente al frío nocturno invernal. En el camino de huída, varios seres parecidos a reptiles, pero que para el tamaño que yo tenía, eran terribles seres, siseantes, daban saltos y gruñían, al tiempo que nos acechaban y nos rodeaban. mi padre fue su primera víctima, le lanzaron varias de sus pequeñas lanzas, y dos de ellas se le clavaron en una pierna. Sólo la gran fuerza de mi madre, hizo posible que medio cargando con él, consiguiésemos salir de aquella trampa mortal en la que se había convertido nuestra granja.
Nos tenían rodeados, Linan sabía que no habría escapatoria, y decidió en un último acto de valor entregar su vida para salvarnos. Nos gritó a nuestro padre y mis hermanos que corriésemos hasta el castillo, que corriésemos sin mirar atrás…

Los tres niños contemplaban anonadados la historia terrible de miedo y sufrimiento de su abuelo. No importaba cuántas veces les contara esa historia, siempre conseguía dejarles en embobados

Cuando estaban a punto de alcanzarnos, algo sorprendente sucedió

Sus pequeños ojos comenzaban a abrirse como platos, sabedores de que llegaba la mejor parte de la historia

Repentinamente 4 hombres grandes y fuertes aparecieron de la nada, salieron de la oscuridad de la noche. Extrañas palabras arcanas de un poderoso mágico rasgaron el aire, su eco retumbaba entre los edificios, y de golpe, cuatro de los pequeños reptiles cayeron en un estado de coma. Sus escurridizos y rojizos cuerpos golpeando contra el suelo de barro y piedras. Un poderoso hombre-dragón cargó de golpe, su piel era plateada, como la de los grandes dragones protectores del Norte, aquellos que se dicen protegen las tierras de los elfos y de la hermosa ciudad de Argluna. Su hacha partió de un sólo golpe a otro de los reptiles. Otro gran guerrero, con extraños cortes de pelo, barba y tatuajes en la cabeza, de lo que parecían relámpagos rugientes atacó martillo en mano. Eran la fuerza de la naturaleza desencadenada. Y no tardaron en hacer huir a las criaturas supervivientes. Pero no llegaron muy lejos, pues un cuarto guerrero, uno que parecía un gran señor de las ciudades del sur radiante abatió con su arco a los reptiles que huían.

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El anciano agarró una manta que tenía debajo de la silla, pues el frío comenzaba a colarse por las rendijas de puertas y ventanas, y sus fríos huesos comenzaban a entumecerse.

Linan les agradeció su ayuda, pero les pidió que nos salvase. Entonces, la criatura dragón obró el más grande milagro que nunca he contemplado. Guardó su gran hacha, que ahora colgaba de su cinto. Y rezó extrañas oraciones en un idioma duro y antiguo, sin duda por lo que sé ahora, era la ancestral lengua de los dragones. Sus ojos azules refulgieron con un brillo dorado y de la palma de su mano comenzó a aparecer una cegadora luz dorada. Acercó la mano a la pierna herida de mi padre, y sus heridas comenzaron a cerrarse por obra y milagro de los Dioses. Sin duda, aquella era magia curativa proveniente del poder de los Dioses. Aquél no era un guerrero convencional.
Hicieron tal y como mi madre les pidió y sin pensárselo, o tal vez sí…ya no lo recuerdo muy bien

dudó el anciano

No, creo que no dudaron, así es mejor la historia. Sin dudarlo un segundo, emprendieron la carrera hacia la fortaleza.
En el camino encontramos a más saqueadores que pretendían quemar la casa de los Ceniza de Pino, en ese momento pensé que tendríamos problemas. Pero de nuevo aquellos seres desplegaron maravillosos poderes extraños. El nórdico se quedó aislado frente a los múltiples enemigos. Estos comenzaron a correr contra él. Mientras tanto, los otros atacaban con flechas y fuego a los humanos y reptiles saqueadores. Cuando casi estaban a punto de alcanzarle, se arrodilló, clavo su martillo en el suelo, y comenzó a recitar una letanía en una lengua del norte. Pequeños relámpagos comenzaron a surgir del suelo, de su martillo y de sus ojos, hasta que los múltiples enemigos llegaron a su alcance, momento en que desató todo su poder con un grito final al cielo, al tiempo que alzaba su mirada y su martillo a los oscuros cielos de Verdor. Como respuesta, terroríficos relámpagos cayeron sobre él, y estallaron a su vez contra todos los enemigos que le rodeaban, lanzándolos a todos por los aires, humeantes y quemados por la fuerza desatada.
Cuando pensábamos que aquellos seres casi divinos no podían ser más increíbles, la criatura dragón plateada rugió bestialmente hacia otro de los seres reptilianos que se aproximaban, este volando con unas pequeñas alas correosas. Y tras su rugido, de su boca, salió un helador cono de frío. A muchos metros de distancia pude sentir en mis carnes cómo la temperatura bajaba a nuestro alrededor. Aquello congeló en el aire al ser volador, y a todos los enemigos.

Y pudisteis llegar todos a salvo abuelo?, preguntó uno de los pequeños, extasiado por la historia de magia, guerreros y dragones de su abuelo

Sabes que sí pequeño. Con el camino ya despejado, finalmente llegamos al castillo. Allí el gran y sabio gobernador Colina Nocturna nos recibió con mirada muy seria. Aunque parecía alegrarse de la llegada de los 4 valientes forasteros.
Por desgracia para el pueblo, la historia no termina aquí.

Los tres pequeños se acurrucaron mientras se disponían a escuchar muy atentamente cómo su abuelo continuaba narrando la historia…

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